El moño de mis sueños 


Nunca he sido demasiado diestra en hacerme peinados. Quizá me volví perezosa al tener un cabello más o menos liso, más o menos suave y más o menos inmune al encrespamiento que produce la humedad. Con esta suerte de atributos no me preocupé en aprender a manejar mi pelo… Craso error.

Hoy en día, mi cabello no es tan liso, ni tan suave, ni tan poco encrespado, y sin embargo mis habilidades siguen siendo escasas. Esto, unido a mi nueva afición de ver peinados en YouTube, hace que me sienta realmente torpe. Porque … ¿Habéis visto alguno de esos vídeos? Os los resumo: Aparece una chica frente a su ordenador, sonriente, sin más utensilios que un espejito detrás de cámara, y un bote de laca. Eso sí. Que nunca falte la laca. A mansalva, sin piedad. Que yo antes de ver estos vídeos tenía una laca, comprada hacía unos 10 años, cuando rondaba los 18 y cualquier producto me parecía la panacea. Sin embargo nunca le di a la pobre el uso merecido… Y todo por el desconocimiento. Desconocimiento que me llevaba a aplicarme la laca  a golpecitos, por partes y con temor. Temor fundado además. No os vayáis a creer. Que yo con mis manías de leerlo todo me leía hasta el envase, en el que claramente ponía “cuidado, altamente inflamable”… Y claro, entre ese intimidatorio aviso y el ruido del spray al salir, normal que andara yo temerosa de aplicarme mucha laca… Bajo riesgo de explosión nivel nuclear.

En fin, que de repente una chica de YouTube, con su voluminosa melena al viento, mira a la cámara y sonrisa mediante, empieza a hacerse un sencillo peinado de diario en 5 minutos. JA JA. En mayúsculas y de forma sarcástica. Ni es un peinado sencillo. Ni puede hacerse en 5 minutos. Resulta que la susodicha, en una suerte de danza de dedos, se realiza una súper trenza de espiga atravesada con nacimiento en el flequillo, que sinceramente, solo con escuchar el nombre del peinado ya me fatigo.

Y es aquí cuando me vengo arriba, me armo de coraje, y me pongo manos a la obra. Que si mechón paquí, que si mechón pallá. Que si ahora no sé dónde va éste. Que si aquél me tiba. Y después de 10 minutos de ardua tarea, acabo con un dolor de brazos de tanta subidera y con una especie de trenza sin gracia que parece llegada de hacer trabajos forzosos.

Siendo éste mi pan de cada día comprenderéis que me emocione cuando un día, a 30 grados a la sombra, con el pelo sofocándome la nuca, agarre una horquilla y sin mediar aviso, me haga un simple moñito que resulta que queda ideal (al menos bajo mis ojos de novata). Y comprenderéis que quiera dejar constancia de mi azaña, pidiéndole a mi chico que tire una ráfaga de fotos a mi precioso moñito.

Y de esta manera simple,  espontánea y bonita, quedó mi moñito retratado. Tan cuqui él. Tan poco diestra yo.

  • Fotos tomadas en Stari Grad, isla Hvar, Croacia
Vestido de Calzedonia (2015)
Bolso Chanel WOC
Gafas Rayban
Sandalias Camila’s Barcelona (2016)
Pulsera de Parfois (2016)
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